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jueves 28 de febrero de 2008

Una Historiadora Oral Revela Historia Olvidada

Entre tanto, estuve pensando, "He aquí nuevamente te has encontrado cara a cara con otros de esos abuelos que te iban a estar dando reseñas de esos tiempos en que ellos fueron solamente inocentes niños. Otros de los tiempos en tu vida de recién repatriado que te vas a encontrar con uno de esos que quieren llenarte de hasta los sabores en el aire de esos tiempos que eran vísperas de la nueva centuria numero 20 en Panamá."

Realmente estuve agradecido de tener esa oportunidad de estar en compañía de una de Ias mas parlanchinas de todas esas gentes de la antigüedad. Sentado estuve asombrado, además de pidiendo a la paciencia que fuese paciente conmigo, rezando que no pudiese olvidar en nada algunas de las cosas que me pudieran ser útiles cuando al fin pudiese estar conectando los puntos que otros historiadores no han podido inspirarse en usar para revelar lo que los historiadores de la elite, aquellos que tienen la facilidad de poder hacer que se les publique sus relatos.

Además, estuve recordando mis estudios Afro-Cubanos de 1967 y todo el tiempo que había estado fascinado y acorralado en esa Biblioteca Publica de la Ciudad de New York, estudiando minuciosamente algo que los otros historiadores nunca en sus vidas se hubiesen interesado por explorar.

Entre tanto, me encontraba sentado pacientemente escuchando la historia de otra mujer relatando una mas de las historias de hombres, niñas y niños quienes fueron realmente valientes. Gentes jóvenes que sobrevivieron ese ambiente de lo que otros creyeron ser inhóspitos montes y montañas. Esos que en sus tiempos de niñez sobrevivieron y escaparon ser esclavizados.

Como Luisa lo estuvo relatando eran gentes quienes no habían tenido contacto alguno con el mundo exterior. Mundo que, además, si lo fuéramo a describir, era un entorno político enteramente rechazante a su raza. Eran personas que habían encontrado ese moderno siglo 20 que estuvo por terminar en que la vida social todavía estuvo marcada por esos aterrorizantes recuerdos de esos tiempos pasados.

Mientras Luisa se ausentaba para inspeccionar los acontecimientos de la cocina pude tratar de mantener la perspectiva de quien yo quería ser en toda esa historia que narraba la gentil Doña Luisa, de padre Jamaicano y de madre Africana. De hecho, me propuse a ser uno de los estudiosos pioneros en los estudios de la Etnia Negra del Continente Americano. Desde los años 70 había empezado la exploración del tema de la Etnia Negra de los Estados Unidos, algo que me había otorgado una Licenciatura o el Bachelors Degree Universitario.

Sin embargo, desde que había arribado a nuestra madre patria, Panamá, era nuestra historia cultural que me había intrigado, una historia que había comenzado en a mediados de los años de 1800. Totalmente absorto en el relato de mi anfitriona, la juvenil, Doña Luisa, me había entregado a saber mas de esas gentes de los montes aledaños; gentes como yo había sido de los del monte de Panamá.

Esta historia continúa.
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lunes 25 de febrero de 2008

Preparando Una Fiesta de Cumpleaños Inusual

Image courtesy of www.morguefile.com

Serían las 12 p.m. cuando concluimos con tantas presentaciones aquel día en que conocimos a toda la familia y hasta los vecinos. Luego pudimos estar más relajados para conversar sobre el tema de la vejez y el envejecimiento con nuestra locuaz anfitriona y reina, Luisa. Entonces fue que yo introduje el tema. "¿Sabía usted que somos profesionales graduados en eso de cómo envejecen las personas? Al igual que yo, mi esposa tiene grado de Magister o Maestría en eso de cómo las gentes envejecen. También ambos hemos laborado en lugares que sirven a los de la tercera edad o, como los llaman allá ciudadanos de edad, Señor Citizens," le dije. "En verdad," le sugerí, además, "no le recomiendo que le siga revelando a las gentes su edad real porque nadie se lo va a creer."

Por primera vez Doña Luisa había permanecido callada escuchando lo que estuve alegando. Fue entonces que se me ocurrió sugerir que honráramos el momento celebrando unos cumpleaños que habían pasado. "Miss Luisa, me ocurre la idea de celebrar su cumpleaño, y, de una vez honraríamos el hecho de haberla conocido a Usted. Además, Usted es la única persona que conocemos en esta parte de Panamá."

No había terminado de completar la oración cuando Doña Luisa me dice, “¡Muy bien! Entonces, ustedes están mas que bienvenidos…cuando quieran llegar, a cualquiera hora." Los había dicho con tanta sinceridad que notamos que las pocas líneas de arrugas que rodeaban sus párpados se hicieron desaparecer dejando sus grandes ojos color café despejados y mas claros que jamás había visto.

Luego le digo a mi esposa, “Mira, amor mío, ¿porque no nos vamos de compras? Tu sabes, hacemos mercado para cosas que harán una gran fiesta.” Lo había dicho yo tan repentinamente que Miss Luisa se había quedado sorprendida mirándonos con esos ojos que parecían siempre hablar antes de que ella abriera la boca. Entonces, le dije a ella, “Miss Luisa, ¿porque no viene Usted con nosotros? Así puede escoger las cosas que a usted le gustaría comer en su fiesta." Con esa invitación y en esa misma hora había hecho de Miss Luisa la huésped de honor en la fiesta que estuvimos planeando.

Al parecer, aquella fiesta que yo había confeccionado en unos momentos fue mas de lo que Miss Luisa había podido imaginarse, y no parecía estar del todo convencida de que yo tan solo quería tener el privilegio de compartir con ellos ese momento de verla a ella rebasar los noventa y cuatro años de edad mas conservada de lo que habíamos antes visto en persona alguna hasta ese momento. Con los preparativos, sin embargo, Miss Luisa parecía estar más convencida y se mostró aplacada. Nos era realmente obvio que Doña Luisa no estaba acostumbrada a que hiciesen tanta alharaca alrededor de su persona, pero se dejó llevar por el momento. Así fue que estuvimos de acuerdo mientras todos montamos en mi auto Sedan de la marca Dodge, para ese viaje que, a la vez, nos mostraría en donde se compraban los insumos para la casa.

El viaje fue corto al llegar a lo que era un pequeño mercado al aire libre en ese distrito cercano de Río Abajo.

Esta historia continúa.
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miércoles 20 de febrero de 2008

Encuentros con Los Viejos “Zonians”

Se aproximaba el tiempo en que toda una vida, una historia, y
una cultura...dejaría de existir.


Por casi dos horas quedé encantado escuchando de esa natural historiadora oral reseñas de su vida de niña que dejaba a un ávido historiador como yo imaginándome como iba a escribir y publicar algo de lo que ella me estuvo relatando.


En ese año de 1994 yo me encontraba, nuevamente, entre mis gentes Westindian que, en gran parte, eran ancianos y, poco a poco, me había puesto en contacto con ellos antes de llegar a conocer a la inolvidable Luisa. De hecho, hacía poco que nos habíamos detenido en casa de uno de esos ancianos en el área de las riberas del Canal de Panamá, en Paraíso, a ver pasar un gran buque que nos devolvía los saludos. Como si el tiempo se había detenido, me maravillaba como ese pueblucho Silver Roll de los negros Westindian aun existía como parte de una comunidad panameña que se iba extinguiendo en ese nuevo “Canal Zone” Panameño.

Mientras Luisa continuaba sus maravillosos relatos yo reflejaba, de vez en cuando acentuando con un movimiento de la cabeza, animándola a que no se detuviera en su preciado narrativo. Lo tomaba como una gran oportunidad para volver con Luisa a contactar a otros ancianos Westindian Panameños quienes conocieron a mis padres y abuelos. Iguales a esos de Pedro Miguel que había conocido recientemente que me contaban como me habían cargado en sus brazos cuando tan solo era un bebe.

Pensaba en esos ancianos “Zonians” que todavía no habían podido acostumbrarse a la separada “Canal Zone” (Zona del Canal) Americana. Me recordaba de aquellas quienes me habían
animado, unos días antes, al estar contando sobre los carnavales de su juventud, esas famosas "Fiestas Carnavalescas," y como era esa vida en el viejo “Canal Zone” de los Negros.

Rezaba a mi memoria a que recordara en el futuro aquellas anécdotas que la hermosa nonagenaria me estaba relatando porque la vida montés que ella había visto y ese viejo “Canal Zone” de los “Chombos” y los Gringos, hasta como lo había encontrado, estaba por pasar a la historia en el año que se aproximaba de 1999. El mero hecho de que en tan solo 5 años veríamos todas las tierras y las bases militares de ese “Canal Zone” revertidas a manos Panameñas me daba mucho impulso para grabar estas recolecciones. Sería toda una vida, una historia y una cultura que dejaría de existir.

Mientras seguíamos conversando Luisa y yo, la mente se me escapaba a ese año de 1973 cuando había visitado a my abuela y ella, quien era miembro de uno de los muy pocos Centros para Gentes de la Tercera Edad, que era patrocinada por los de esa misma Organización religiosa llamada la Iglesia del Ejercito de Salvación en ese mismo distrito aledaño de Río Abajo. Fue ocasión en que ella me había pedido que la llegara a recoger cuando terminaran las actividades del día. De hecho, llegué un poco antes de que saliera en grupo todos esos que residían en el vecindario. Aprovechándome de la oportunidad, me senté a conversar con ellos ya que me habían presentado como el nieto de la que era una de sus miembros.

Pues, esa mañana pude, aunque brevemente, encontrarme con un grupo de orgullosos abuelos Westindian que se asombraban como me había podido venir desde tan lejos como ese "New York" en un carrito Volkswagen, y, solo nada menos, con mi esposa. Hablando con ellos casi apresuradamente, ya que iban a cerrar el centro, me percaté de que entre esos "old-timers," algunos habían nacido en esos años que cerraban el siglo 19 con la última década de los 1800's.

Esta historia continuará.
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jueves 14 de febrero de 2008

Noventa y cuatro y Mas Joven que Nosotros

Doña Luisa y su esmerada atención hacia nosotros

En esos momentos nuestra anfitriona,
Doña Luisa, comienza a presentarnos formalmente a los demás miembros de la familia. Aquellos que estaban adentro y los que entraban desde afuera nos extendían la mano en un caluroso apretón de bienvenida. Entraban a ese amplio aposento de sala familiar y salían ceremoniosamente. Contaba hijos, nietos, nietas, nueras, nueros y hasta vecinos de la etnia Indígena Kuna-Yala que habían llegado de curiosos, queriendo conocer a los nuevos visitantes y nuevos vecinos.

Eramos realmente foráneos por nuestra forma de vestir y de hablar y llegaban los de la vecindad, quienes eran conocidos por esa familia desde muchos años, a conocernos ya que habíamos llegado a tempranas horas de la mañana a visitar.

Aunque Doña Luisa hablaba un impecable español, ella con nosotros prefirió hablar en el acriollado Ingles de los Negros Antillanos Panameños que se hablaba por esos vecindarios. Nuevamente, en el momento en que se habían reunidos viejos vecinos y familiares, Luisa dice, “See me here I am over ninety years of age- ninety-four to be exact this year, you know. "

Reiteraba su edad de 94 años como un blasón de honor y para, además, complacer nuestra obvia incredulidad. Como visitantes nos habíamos quedado pensativos sin querer evidenciar nuestra aparente sorpresa y ni nos atrevíamos mirarnos. Seguro estuve que íbamos a comparar nuestras observaciones cuando estuviéramos a solas. Fueron en esos instantes que Doña Luisa, nuestra anfitriona, había hecho llegar a una se sus hijas con el álbum familiar de fotos.

La dueña del clan empezó, con suma ternura, a mostrarnos fotos de familiares que jamás recordaríamos ni, en toda franqueza reconoceríamos, hasta algunos difuntos en su juventud. Pero, como gerontólogos profesionales, nos pareció un especial gesto de su parte y nos animamos en estar escuchando a Doña Luisa platicando sobre los acontecimientos mas destacados de su gran familia. La historia oral siendo una de nuestras especialidades, tratábamos de encontrar la ocasión para conversar, también, sobre el tema de la edad y la longevidad.

Así pasamos el tiempo conversando con Doña Luisa, asombrados aun de estar acompañados de esta extraordinaria mujer en uno de los momentos más emocionantes de su vida rodeada de su enorme clan. Nos sentíamos afortunados, pues, de tener la oportunidad de poder estar en compañía de esa tan ágil y despierta nonagenaria, una abuela que todavía mantenía la mirada despejada y ese escultural cuerpo de una doncella de nos mas de treinta años de edad. ¿Cual sería su secreto?

Esta historia continúa.
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