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sábado 26 de abril de 2008

Orgullo Westindian

La Represa Madden
del Canal de Panamá


Entonces los estudios del caso de la Zona del Canal revelarían que realmente toda esa área de las excavaciones y de las construcciones de infraestructuras como fueron las calles, aceras, viviendas y los muchos rellenos y desagües que construían la Compañía Administradora del “Canal Zone” sería, para unas cuantas familias, un modo de vivir. Para otros, en cambio, que estuvieron asechados por los aparatos de control social que se habían puesto en marcha desde los comienzos de las excavaciones en
1904 se iba a volver la pesadilla mas larga que experimentarían que solo se reemplazaría por largas jornadas de presidio esclavizado.

Sin embargo, al trasladarse a vivir bajo la protección del gobierno panameño no les iba a ser de utilidad alguna desde ese año de 1913. Iban a ser los Westindian residentes de esos barrios los únicos negros visibles en la ciudades urbanizadas de Colón y de Panamá aunque los de la etnia Westindian no serían los únicos negros existentes en el país en esos entonces que deberían mantenerse laborando en esas excavaciones de ese Canal de Panamá.

Aquella noche pude apreciar de los testimonios de Luisa y Jack como tuvo ese varón Hindustano que mantenerse viviendo en los alrededores de la Represa Madden que estuvieron construyendo. Le era así dictado las condiciones de trabajo, como también se lo estuvieron exigiendo a los varones Westindian que tomaban viviendas en la cercanía de los predios del Canal Zone que se volvía un estilo de vida de los Negros. Aquello que estuvo muy cerca de las nuevas exclusas cuando abrieron sus servicios al mundo comercial en 1914.

Pude apreciar ese sentido de libertad que sentían esas personas de la raza negra que eran moradores de espesos forestales que cercaban a la república entera. Luego para este servidor iban a lIegar tiempos en que vagamente iba a poder apreciar y hasta llegar a sentir esos apreciables sentimientos de especialidad única. Esos sentimientos de hondo orgullo y aprecio de mis progenitores varones Westindian de quienes habían procedido. Era algo que los otros individuos de mi generación y de mi casta catalogaban de "pretensiones" o de actitud "pretenciosa." De hecho, era una etapa de mi vida en que aun no había encontrado esas pruebas que en estas páginas expongo.

Esta historia continuará.


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jueves 17 de abril de 2008

A la Vanguardia de los Estudios Negros

Los Estudios Sobre los Negros (Black Studies)
y Sobre la Manumisión de los Esclavos en Nuestra América.
Imagen gracias a www.classroomclipart.com


En esos momentos preciados junto a mi anfitriona pude reflexionar sobre la trayectoria de mis estudios y hasta donde me habían llevado hasta esos instantes tan sublimes. Recordaba el pasado y como había procedido con pasos inseguros estudiando algo que no me traía tanta pasión como la historia de mis gentes los
Westindian de Panamá. Me provocaba interés, eso de inmiscuirme en cosas como la metodología de los estudios, la técnica de la revisión además de cómo usar las entrevistas como metodología aceptable. Inicialmente descubrí las tradiciones orales o historia oral como plataforma para hacer que la historia fluyera como si fuera parte de una serie de entrevistas.


Para todo eso había consultado con otros estudiosos que formaban parte de la facultad de historia tanto como con los decanos de facultades de otras universidades. Ellos me ofrecieron sus cátedras como plataforma universitaria que le diera validez a mis estudios. Sin embargo, ellos se enfocaban en su interés en lo que ellos llamaban “Black Studies” o "Estudios Negros” o “Sobre los Negros." No obstante, mis perspectivas eran mas amplias y sabía que mi empeño en inmiscuirme en las ideales de mis gentes Westindian en Panamá no encajaría exactamente en su mundo.

Aunque estaba muy seguro que los Negros Westindian Panameños habían convivido con los Negros de Estados Unidos en las áreas de la Zona del Canal, siempre percibí esa fusión Hispana en mis gentes que se perdería si yo me diera el lujo de desviarme por el interés en los “Black Studies.” Así que las historias que Doña Luisa estuvo compartiendo conmigo era algo tan increíble que me imaginaba lo difícil que sería para, digamos, los productores racistas de los cines de Hollywood poder “guionizar” a mi gusto.

En el transcurso de mis meditaciones por poco admito audiblemente y con disgusto, "¡Coño que no! Ellos vendrían a dañarlo todo." Con solo pensarlo- el estar sentado en un Cine-Teatro Panameño cómodamente mirando a gentes gringas blancas protagonizando ese tipo de obra en algún rodaje en que yo tuviera parte me enfermaría. De pronto regresé al presente y a la tesis que estuve formulando.

Desde el año 1851 en que el Parlamento Colombiano había aprobado leyes sobre la Manumisión de Esclavos por primera vez, comienza la interesante historia de la relación entre los dos grupos de negros en Panamá. En esos instantes al escuchar los relatos de Luisa pude discernir en vivo esa parte primordial de la tesis mía de la historia sobre los padres de Doña Luisa. Desde mi juventud me habían parecido estar completamente ausentes, es decir, completamente invisibles en todo el país al, por casualidad, incursionar en un país como lo era antes Panamá en que los Negros nativos habían probado el contacto mas directo con la cruel Hispanidad. Como jovencito Westindian las pocas veces que tuve trato con los Negro Hispanos parecían ser breves vistazos ya que al poco rato se desaparecían nuevamente, regresando a su bosque nativo y matizándose con un paisaje un tanto mas benigno que la gran ciudad de Panamá. Esos raros encuentros con los Negros nativos de Panamá solo habían servido para agudizar mi curiosidad acerca de esa gente misteriosa.

Esta historia continúa.
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viernes 11 de abril de 2008

Lamentando Mis Raíces Perdidas

La Etnia Negra de Panamá
Vistas de los Diablitos Danzantes de Porto Belo


No obstante de todo lo que acontecía ese día de fiesta en honor a la inigualable Reina
Westindian Doña Luisa, me quedaba yo con el trabajoso dilema de querer celebrar y, a la vez ver todo ese día de presencia como una gema de la historia de nuestras gentes, oportunidad que no debía yo de hacer pasar sin estar en persecución de oportunidad para algún día escribirlo, es decir unirlo todo en una gran historia que serviría a la juventud y a toda la Etnia Negra Panameña.

Un sentido de responsabilidad me había invadido aquel día, el mismo sentido de compromiso que me había dado ese día de sexto año de escuela primaria, en que mi Madrina, vecina y maestra, la venerable
Doña Ana Sánchez me había estado haciendo jurar.
Su voz resonaba en mi mente arriba de todo el alboroto de festejos, volviéndome a decir, "¡Júrame, tu júrame ahora mismo que te iras a estadosunidos y que estudiaras para volver a ser el hombre de importancia que sé que puedes llegar a ser. Júralo!" Comandaba esa inolvidable voz de mujer tan panameña como era y que hablaba el ingles de una misma gringa de Boston estadosunidos.

Pasarían muchos años después de aquellos juramentos que, inseguro, hacia a la respetada Doña Ana, esa sin igual educadora, valiosa trabajadora de un Ministerio de Educación del gobierno panameño que no la había valorado, antes que yo entendiera su vehemencia. Esa que se había apiadado de un niño negrito Westindian que ella había visto crecer junto a sus propias hijas, tenía gran visión y concientemente me preparaba.

Todavía asustadizo de ese Panamá racista que ella, Doña Ana, conocía y como me conocía mejor de lo que yo mismo me conocía, sabia que el futuro de un Panamá que cambiaba me iba a abrir el camino. Aun dirigido por fuerzas mas potentes que mi voluntad y fe, hacia yo planes mentales para ese día en que iba a poder juntar todas esas historias como crónicas; historias que estuve conociendo como mas que unos simples cuentos y que pudiesen conmover a aquellos expatriados y rechazados que desearan mantener esos sentimientos vivos en su conciencia que los haría recordar a la madre Patria Panamá que nuestros ancestros habían erigido para que fuese para siempre nuestro hogar en esta mundo llamado Tierra.

Entre las risas y los alegres aullidos de niños y mascotas, perros acostumbrados a tomar parte en todo lo que hacia su familia, pensaba en mis compatriotas Westindian en Estados Unidos. El pensar en que esos jóvenes, en esas horas hombres y mujeres y sus hijos se estuvieran perdiendo una gran parte de su mismo ser, ese alma Westindian Panameña que los hace lo que son. Aquello de estar afuera toda una vida, me había hecho pensar que yo me había desgastado las partes mas valiosas de mi vida viviendo y laborando sin ver adelantos algunos en un país en que iba a permanecer siendo un extraño hasta la muerte.

La mente la tenia en esos lamentos de que me había perdido gran parte de mi ser al estar sin raíces en estadosunidos. Casi se me salen las lágrimas mientras estuve admirando a esta familia agasajar a sus familiares y amigos en que todos juntos estuvieron reunidos gozando y compartiendo sin el consumo de bebidas alcohólicas en presencia de los niños y mujeres. Me decía, "Esto sí es vida; esto es ser parte de la Madre Patria, Panamá."

Esta historia continúa.
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viernes 4 de abril de 2008

De lo Mundano a lo Espiritual

Lotería Nacional de Beneficencia de Panamá
Billete del sorteo ordinario- del "Miercolito"

Billete de la Lotería
Un "Chancecito"


La Lotería Nacional
, aquella institución que por generaciones como la mía había captado la atención de miles de radioyentes y que, en la actualidad, se veía a través del aparato casero llamado la televisión, no dejaba de protagonizar el ritual nacional de todos los domingos y los miércoles. Aquello que, domingo tras domingo (o miércoles), determinaría si alguna familia panameña sería agraciada con unos dólares Americanos para "poner la paila" en la cocina, o si se llevaría un botín millonario con una buena “pegada en el gordito”- el sueño de todo Panameño- no dejaba de atraer el público de miles de panameños a presenciar el sorteo.


Doña Luisa me continuaba confiando su vida de billetera y como procedía como las miles de vendedoras que, en muchos casos, habían empezado en su juventud seguiendo siendo, por décadas, parte del panorama en las principales calles y avenidas de la ciudad capital. Todas las mañanas acostumbraban a abrir sus mesas plegables para desplegar su valorado producto- los billetes de lotería- para el deleite y alivio de su acostumbrada clientela, y uno que otros extraños.

“Así es que, ¿para allá era que se dirigía la otra mañana cuando me había encontrado con Usted?” le dije juguetón y sonreído. “¡Pues sí, Señor!” me contesta ella con su encantadora inocencia. “Era que estuve apurada en llegar para cerrar mis cuentas y, de hecho, iba tarde.” Fue entonces que traté de llevar la conversación en una dirección en que pudiera hacer un contacto mas profundo con esta Gran Dama, ya que ella se sentía mas cómoda y estuvo dando libremente de si misma en un espíritu mas abierto- algo que, hasta esos entonces, no había yo experimentado entre mis gentes Westindian de ninguna edad.

"Dígame, Luisa, Usted que ha vivido en estas partes por todos estos largos años, ¿conoce Usted a una que le decían Madame?" Había abordado el tema haciendo pensativas pausas, ejerciendo suma discreción en cuanto a tal cuestión creyendo que sería cosa tan privada que nadie debiera ni preguntarlo. Sabiendo muy bien a donde iba mi interrogante, la muy astuta Luisa me contesta, “¡Bueno claro, claro que la conozco! ¿Si es esa Madame que vivía un poco mas allá de este Patterson aquí?” Ella se refería a una pequeña área conocida como Patio Patterson, uno de los viejos vecindarios poblados de los moradores pioneros Westindian de lo que llegaría a ser el moderno Río Abajo.

La presencia West Indian aun perduraba, al parecer, porque mi anfitriona recordaba a aquella mujer que había yo conocido en mi niñez. "¡Sí esa misma, esa Madame!” le afirmé sin reparo. “Yo de niño estaba siempre en su iglesia que quedaba por los predios atrás del Estadio Olímpico,” le dije animado de poder mencionar alguien del pasado a quien ambos conocíamos muy bien. Fue entonces que bajamos la voz para conversar de algo que ambos creíamos ser muy nuestro- esa religión casera. "O sí yo conocí a Madame muy bien, porque ella me había ayudado con los muchos problemas que tenía con mis propios hijos."

De inmediato me hizo recordar esos días de la historia en que no habían doctores ni psiquiatras; tiempos en que los de la etnia Westindian estuvieron perdiendo sus "privilegios” de hospitalización en la Zona del Canal de Panamá. Fueron tiempos inclementes en que las gentes de la etnia negra tampoco podían estar muy visibles entre los guardias de la acosadora Policía Nacional.

Recordaba muy bien como yo, de niño de no más de ocho años de edad, me dirigía a casa de esa Santa Madame- así era como la conocíamos en mis años de infancia al lado de mi adorada abuela, Fanny Elizabeth. Como confidente de mi abuela yo iba y venía solito con un mandado tras otro y, por lo general, me desenvolvía dentro de esos vecindarios.

Esa que recordábamos tan solemnemente era la que me había preparado para ser uno de los alumnos de educación secundaria del peligroso Instituto Nacional de Panamá, que, en esos tiempos ganaba una reputación por acoso a los de la etnia negra panameña. Esa Beata y Santa Madame era, para nosotros, una singular persona que recordábamos con cariño y quien ya había pasado a la gloria del Señor.

Esta historia continua.
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