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La "Silver" School de Culebra circ. 1905
Imagen gracias a George W. Westerman
La construcción de la “gran zanja” se convierte, nuevamente, en el proyecto de alta prioridad a pesar de los prejuicios y demás actitudes de los americanos blancos. El verdadero carácter de Norteamérica racista, sin embargo, emerge en el país de Panamá. La comunidad Westindian, con sus contrapartes americanas negras, ahora comienza a vivir y florecer de alguna manera en los lugares apartados para ellos en La Zona Negra del Canal de los Estados Unidos. Aun en plena excavación, ni un barco había atravesado la “gran zanja,” donde hacía poco solo habían existido montañas y bosques.La vida comunitaria dentro lo que ahora se conoce como La Zona Negra se convierte en una especie de resignación que transforma estas áreas en comunidades dormitorios donde reinan las mujeres y los niños. Las tardes siempre marcan el comienzo de toda actividad deportiva ya que los únicos campos de béisbol, en imitación de sus contemporáneos americanos negros en su entorno, ahora incentiva a jugar un juego aun extraño para ellos. El juego de Cricket pronto toma un asiento trasero al nuevo juego del béisbol, un deporte que todavía niega entrada profesional a los jugadores negros. La Zona Negra del Canal se convierte en un lugar particularmente marcada por el silencio, un actitud reservado que se extiende por todos los distritos sobretodo al atardecer y al cerrar el gran comisariato. Los negros se acomodan en sus distritos segregados de empleados “Silver” inmediatamente después que cierra la ventanilla en la oficina postal que le sirve solamente a la clientela negra. Lo que antiguamente pasaba por el comedor- el “Silver Chow Hall,” o fonda de comida para llevar por la puerta trasera (un fenómeno particularmente sureño de los Estados Unidos) ahora se conoce como el Clubhouse.
El Ferrocarril de Panamá (The Panama Railroad) continúa funcionando con la separación de sus coches en primera y segunda clase, los negros, por supuesto, juntados, como esporas, en sus lugares “de plata” en el mismo tren que sus antepasados habían construido. Los Clubhouses de plata proporcionan un tipo de vida muy semejante al de los negros Americanos pero con ese sabor especial Westindian. Las audiencias de las secciones marcadas “negro solamente” (Black Only) en los únicos teatros disponibles ahora son vistos por los negros como un primer paso en su aculturación al anhelado estilo de vida norteamericana – The Good ‘ol USA- puesto que solo estrenaban películas producidas en Hollywood, California.
Pronto veremos, un poco antes del final de la Primera Guerra Mundial, como las mujeres Westindian comienzan a llegar en grandes números. Mientras tanto vemos a principios de la época de la construcción del Canal como los hombres comienzn a enviar por sus prometidas desde las islas del Caribe mientras que algunos de los americanos negros se casan localmente con esposas Westindian y levantan familias junto a sus vecinos Westindian. La Escuela Silver de Culebra (que se puede apreciar en la foto) sería una de las primeras en alistar a un grupo grande de niños Westindian en el país de Panamá. En esta Zona estrictamente segregada racialmente la necesidad autoriza la abertura de otras escuelas para los niños de la nómina de plata, de modo que las escuelas Silver son instituidas en los distritos que una vez fueron campamentos de trabajadores negros.
Es asi que La Zona Negra del Canal se convierte en una realidad silenciosa, separada y, muy aseguradamente, desigual en calidad. Es, sin embargo, aún mucho mejor para la causa del empleado en un periodo de pobreza extrema, como el conjunto del Caribe había estado desde el 1830.
La Zona del Canal, por otra parte, se conoce ahora por los servicios inigualables y gratificaciones ofrecidos a sus trabajadores y a los visitantes blancos americanos de los Estados Unidos, privilegios aptos para toda una realeza trabajadora de sus tiempos. Las multitudes de criadas negras, porteros, criados y camareros, sin embargo, se convierten en algo más que un componente o accesorio importante. Ahora componen una parte vital del gama de todos esos “privilegios” que se les ofrecen a los blancos.
Esta historia continúa.
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Imágen de la Iglesia de San Felipe de Portobelo Con los años muchos milagros importantes se han atribuido al Cristo Negro de Portobelo. Sin embargo, el milagro mejor conocido es, probablemente, el que se asocia con el cantante popular puertorriqueño, Ismael Rivera. En 1975, “el Brujo de Borinquen” estaba a punto de retirarse completamente de su carrera artística debido a su apego crónico a las drogas.
En una de sus muchas visitas a Panamá, el país que él consideraba su segundo hogar, “Maelo,” como muchos lo conocían cariñosamente, habla con su “hermano,” su gran amigo Pedro “Sorolo” Rodriguez y él le recomienda que le entregue su vida al Santo que en Panamá había hecho tantos milagros increíbles. Rivera, no muy convencido, acepta la invitación y ambos viajan a la iglesia de San Felipe de Portobelo, situada en la comunidad costera en el lado atlántico panameño. Rivera le solicita al milagroso permitirle dejar su tenaz adicción a las drogas y continuar cantando. Ahora, antes de viajar a Panamá, los doctores de Rivera le habían advertido que su adicción era cosa seria y que si él no lograba traerla bajo control podría pronto olvidarse de su carrera musical.
En esa etapa de su vida el cantante se había alejado casi totalmente del escenario y su carrera musical estaba en franco derrumbe pero, una vez que le entrega su vida al Nazareno, su situación comienza a dar un giro notable. La influencia del Santo en la vida del cantante lo motiva a dejar las drogas y reasumir su profesión. Una vez que se recupera y en cumplimiento de su promesa, “Maelo” vuelve a Portobelo cada 21 de octubre, a partir del 1975 hasta el 1985, dos años antes que un caso de cáncer de la garganta termine su vida el 13 de mayo de 1987, a la edad de 56 años.
Luis Gooding, otro de sus más íntimos amigos cuenta cómo “Maelo” “estaba empapado en ‘el vicio’” y que a su llegada a Panamá le ofreció siete años de penitencia al Santo a cambio de su ayuda. La manda consistía en caminar desde el distrito popular de El Chorrillo en la ciudad de Panamá, hasta Portobelo, un recorrido de, por lo menos, tres días a pie, exponiéndose al sol intenso y las copiosas lluvias y durmiendo a la intemperie en cualquier lugar que lo alcanzara la noche.
De hecho, los peregrinajes anuales de Rivera a través de las calles de Panamá hacia Portobelo llegaron a ser cada vez más famosos al punto que una muchedumbre tradicionalmente lo esperaba a lo largo del camino para acompañarlo cantando las canciones que él había hecho tan famosas a través del mundo, hasta que él llegaría la iglesia. Las procesiones del Nazareno se convirtieron entonces en una celebración realmente popular y religiosa.
Los milagros del Cristo Negro no sólo han cautivado personajes como Ismael Rivera. Era muy común ver en las procesiones de este Santo a los grandes Soneros como Celia Cruz, Pete “El Conde” Rodriguez, Cheo Feliciano y Gilberto Santa Rosa, entre otros. Han considerado al Cristo Negro el Santo de los Soneros.
Al regresar al mundo de la música Rivera escribió varias canciones que se convirtieron en grandes Hits, entre ellos, el que está dedicado al Cristo Negro titulado “El Nazareno.” Ha sido 21 años desde la muerte de Ismael Rivera pero él continúa pagando sus votos al Cristo Negro con la canción que compuso y la cual se puede oir incesantemente en la radio Panameña, sobretodo, durante la celebración del Santo durante el mes de octubre.
La presencia del “Brujo de Borinquen” en Portobelo se ha sentido con más intensidad a través de los años, pero en el 2000 los devotos al Cristo Negro junto a los fanáticos de Rivera decidieron dedicarle un busto al cantante y colocarlo en la misma entrada de la iglesia de San Felipe de Portobelo. La escultura de “Maelo” porta un gran crucifijo de madera con la imagen del Santo alrededor del cuello. La escultura mide un poco mas de un metro de alto y se monta en una base de concreto de 24 pulgadas de alto. Su construcción les llevó a artistas panameños unos 53 días en su confección.
Hoy por hoy, los peregrinos de Portobelo pueden rendirle homenaje a su venerado Cristo Negro y a su querido “Maelo,”- Ismael Rivera- el hombre y artista que compartió con todo el alma su amor por el Cristo Negro.
La Polémica
Las celebraciones de El Cristo Negro de Portobelo no sólo han sido famosas debido a las personalidades que concurren anualmente a las grandes procesiones. Se han convertido en el foco de controversia por parte de la Iglesia Católica y de los grupos de derechos humanos que consideran las severas penitencias o “mandas” que le ofrecen al Santo extremadamente dolorosas y reprehensibles ya que son auto infligidas.
Durante las celebraciones de octubre la televisión Panameña está repleta de escenas de devotos del Cristo Negro marchando de rodillas por el camino con sus extremidades gravemente dañadas por la superficie áspera del camino mientras que otros hacen el recorrido cargando algún pariente que ha sido beneficiado por el Santo en su espalda.
Hay también imágenes de los ardientes penitentes que caminan mientras algún compañero les sostiene una vela encendida goteando cera caliente sobre sus espaldas en señal de devoción al Cristo Negro, y otros se azotan despiadadamente por todo el cuerpo.
Las escenas dolorosas que se transmiten por cadena nacional han generado gran polémica, sobretodo, entre la Iglesia Católica Panameña y los grupos de derechos humanos que consideran estos actos de devoción reprochables. De hecho, el número de devotos que han tenido que ser llevados a la sala de emergencia de los hospitales locales y las clínicas de la Cruz Roja y otros grupos de socorro a lo largo del camino a Portobelo ha sido considerable.
La alta jerarquía de la iglesia, por su parte, ha hecho súplicas urgentes a sus feligreses para refrenar sus actos de penitencia al Santo, pero nada ha podido disminuir su fe en el Cristo Negro. Las enérgicas amonestaciones de la iglesia, sin embargo, no han convencido a los fieles seguidores que abandonen estas prácticas dolorosas. Al contrario, han logrado aumentar la popularidad del Cristo Negro.
Adicionalmente, se observan a las etiquetas negativas que han sido generadas por la prensa y por los grupos críticos de estas “prácticas barbáricas.” Muchos incluso han llegado a considerar al Nazareno como el patrón de los “maleantes,” los ladrones y los criminales y su celebración como una forma de idolatría. Esta actitud se encuentra especialmente entre los grupos protestantes.
Mientras tanto, las celebraciones religiosas del Cristo Negro de Portobelo continúan siendo las más populares de Panamá, y aunque Ismael Rivera ha dejado de estar físicamente presente, aun queda mucha gente que continúa la tradición, cantando, con campana, tambor y maracas en mano, la canción de “El Nazareno.”
Esta historia continúa.
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Obreros Westindian a cargo de los explosivos (barrenadores) 1910.
Imágen gracias a George W. Westerman.
A pesar de que los Barbadianos predominaban en números en esos años entre 1904 y 1908, un gran número de hombres provenientes de las islas caribeñas de Guadalupe y Martinica también vinieron por barcadas todos contratados y garantizados repatriación (gratuita) al caducar sus contratos luego de un año y ocho meses, si así lo desearan. Otros privilegios incluían vivienda gratis, comida gratis en los denominados comedores reservados para los obreros negros. Al menos así aparentaba.
La siguiente lista representa un ejemplo de algunas de las provisiones que se les ofrecían a los trabajadores Westindian:
1. El período del trabajo será 500 días.
2. El sueldo será establecido en (USD) 75¢ por día, pagado en el equivalente Panameño (plata).
3. La atención médica así como vivienda (cuartos sin amoblar) serán proporcionadas gratuitamente.
4. El día laboral consistirá en 10 horas de trabajo, y la semana de 6 días.
5. Tiempo y medio será pagado por sobre tiempo y trabajo en el domingo.
6. El pasaje desde la isla de Barbados será pagado por la ICC (Isthmian Canal Comisión), el coste total siendo deducible del salario del trabajador a razón de (USD) $1 por mes.
7. Un informe de las ganancias será proporcionado al trabajador al final de cada periodo de cobro.*
Se encuentran cientos de anécdotas interesantes con respecto al reclutamiento de trabajadores de las islas no-británicas incluyendo las dificultades encontradas por los reclutadores en su tarea en la isla de Martinica, colonia francesa. Inicialmente, los trabajadores, a pesar de su impaciencia por comenzar a trabajar, rechazaron sumariamente salir de su isla “sin el acompañamiento de sus mujeres….”
Luego observamos los problemas encontrados por el Sr. S.W. Setton, reclutador enviado por la ICC. Resulta que el gobernador de la isla danés de Saint Croix se rehúsa a permitir que su isla sea utilizada para la concentración y el envío de trabajadores desde las islas próximas, convirtiendo la isla, en efecto, en una especie de centro de acopio laboral de hombres negros. Después de varias confrontaciones con Setton el gobernador lo acusa de haberlo amenazado de agotar totalmente todas las islas del área de cada hombre joven y sano, no dejando ni un solo mozalbete incluso para trabajar como mensajero. El problema inmediatamente termina al retirarse Setton de la isla con su característica prepotencia.
Otra situación interesante se presenta en 1907 en que la Versalles atraca en Cristóbal (Colón) con 664 pasajeros a bordo de la isla de Martinica y 236 pasajeros de Cartagena, Colombia, todos para trabajar en el proyecto canalero. La mañana siguiente unas 400 almas pasan la inspección médica antes de desembarcar y son vacunadas inmediatamente. El resto, aparentemente, se rehúsan rotundamente a ser vacunados.
Después de un intento por parte de las autoridades del ICC de explicarles que el proceso entero de la vacunación era simplemente para prevenir enfermedad, los trabajadores insisten en rehusarse ya que, según la gente local, les habían advertido que no era una vacunación sino una conspiración para marcarlos o aplicarles un tatuaje para así inhabilitarlos para poder volver a sus lugares de origen.
Para resolver el asunto el gobernador de Colón tuvo que intervenir apoyado por la fuerza policíaca de la Zona del Canal, el capitán de la Versalles, el oficial de cuarentena de Colón, y el agente de envío de la compañía de buque. Finalmente, luego de extensas negociaciones e intentos de llegar a un mutuo acuerdo (ya que los hombres rebeldes permanecían abordo) la situación se pone bajo control.
Las cifras pueden variar en cuanto a los totales de envíos de personal pero las figuras mas comunes son 7,500 hombres de Martinica y Guadalupe y 21,000 hombres provenientes de Barbados.
* George Westerman, Los Primeros Antillanos Negros en el Istmo de Panamá, publicado en español.
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Imagen del Corte Culebra 1907 (Gaillard Cut)
El SS Ancon repleto de trabajadores Barbadianos
para entregar en el puerto de Cristobal (Colón) 1909
Una vez que el istmo de Panamá dejara de ser el “cementerio del hombre blanco,” con la epidemia de la fiebre amarilla traída bajo control y los vectores de malaria eficazmente eliminadas- si bien, según indicamos previamente, la malaria siempre sería una amenaza latente en cuanto las condiciones sanitarias se relajaran- el entorno laboral por fin estaría seguro del contagio. El esfuerzo del ICC ahora se reenfocaría en la tarea enorme de la construcción actual.
El número de victimas mortales siempre ha sido un tema de gran polémica sobretodo desde que los norteamericanos asumieron el control la construcción del Canal de Panamá, pero está fijado, oficialmente, en 5,609 trabajadores que murieron entre 1904 y 1914, trayendo el saldo total de mortandad a aproximadamente 27,500.* Dentro de estas muertes, sin embargo, y aquí entra la polémica, tenemos muchas muertes no-contabilizadas, particularmente entre los Westindian. Huelga decir que la mayoría de las muertes estaba dentro de las filas de los Westindian y de cualquier forma que uno lo mire los números de muertos fueron grandemente desproporcionados comparados con sus contrapartes blancas. Posteriormente exploraremos los otros peligros mortales, aparte de la enfermedad, que llenaron estas cifras.
A pesar de que para el año1906 los ingenieros encargados incluyendo a John Stevens seguían indecisos en cuanto al proyecto final, si se trataría de un “canal al nivel del mar” o “un canal de exclusas,” no detrajo del hecho de que aun había un trabajo por delante- una empresa monumental- y se requería de mucha mano de obra para lograrlo y de lo mas pronto posible.
Aquí es adonde el eficiente reclutamiento de los trabajadores Westindian adquiriría extrema importancia. Estos trabajadores no sólo serían necesarios para el crucial y, en última instancia, áspero y peligroso trabajo en los “cortes,” sino que, también los emplearían para servir en la infraestructura que estaba por desarrollarse. Estas personas trabajarían en los futuros comisariatos, clubhouse, hospitales y dispensarios, campos de golf, parques, hoteles, etc., que la administración impacientemente preveía para sus trabajadores del Gold Roll considerando siempre su comodidad, conveniencia y su seguridad, ya que para el Silver Roll estas consideraciones eran siempre secundarias.
Los reclutadores, muchas veces insistentes y a menudo algo despiadados e intimidantes en sus estrategias de reclutamiento, fueron enviados a las islas del Caribe, puesto que en la mayoría de los países europeos estaban rotundamente prohibidas sus actividades. Las islas de Barbados y de Martinica serían donde el peso del reclutamiento sería más sentido. Según un informe de W.J. Karner, agente de trabajo de la distribución del jefe para el ICC (1907), los números de los trabajadores Westindian que fueron enviados al istmo sumaban lo siguiente: 1905 2,969 1906 7,017 1907 3,410 (enero de 1907) 13,396 (febrero de 1907) el **
Ahora, debemos recordar que el reclutamiento en la isla de Jamaica había sido abandonado debido a, como hemos observado, la desaprobación del gobierno jamaicano de cualquier reclutamiento en su isla para el “Proyecto Ismeño.” Más allá de la negativa experiencia que habían experimentado con el proyecto del ferrocarril (el Panamá Railroad) y, aun mas importante, el proyecto del canal francés, estas experiencias los había dejado tambaleando y embargados con un saldo de miles de trabajadores desplazados, abandonados y privados de sus derechos contractuales a la repatriación, faltos de los medios visibles para volver a Jamaica. Comprensiblemente, se sentían nerviosos ante otro episodio de estos desastrosos “afianzamientos” donde tendrían que apuntar sus escasos fondos públicos para rescatar a sus extenuados ciudadanos.
Los jamaicanos, sin embargo, los “perennes” jamaicanos, aun seguían llegando al istmo. Su gobierno había dejado esa opción totalmente a la discreción de estos individuos aventureros que deseaban probar suerte en Panamá. Siempre y cuando pagarían un establecido impuesto de salida (una suma de dinero para garantizar la cantidad necesaria para su repatriación) podrían salir de Jamaica para Panamá pagando su propio pasaje y sin ventaja de un contrato. Veremos luego que muchos de estos trabajadores Jamaicanos se lamentarían de esta decisión.
Esta historia continuará.
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Arriba: Stegomyia fasciata- el mosquito de la fiebre amarilla,
hoy denominada Aedes aegypti
Medio: Anopheles o el mosquito de la malaria
Imagenes gracias a www.wikipedia.org
Abajo: Un carro de fumigación circa 1905
gracias a www.canalmuseum.com
Para el mes de agosto de 1905 la fiebre amarilla había alcanzado epidémicas proporciones y los trabajadores negros “eran los más duramente golpeados.” De hecho, la malaria, la pulmonía, la tuberculosis, y las enfermedades intestinales, todas atacando desenfrenadamente a la población laboral, habían esparcido el miedo y pánico tanto en Europa y Estados Unidos como en Panamá. Aunque estas enfermedades, generalmente, mataban y debilitaban al mayor número de seres humanos, era la fiebre amarilla que permanecía en el ojo público.
De hecho, muchos países en Europa ya habían prohibido el reclutamiento de sus ciudadanos para cualquier trabajo en el Canal de Panamá. Además, y para aumentar la ya creciente alarma, varios casos de la peste bubónica se habían reportado entre el grupo de los trabajadores Barbadianos. Algo se tenía que hacer y rápidamente si se pretendía rescatar del fracaso absoluto el proyecto de construcción del canal.
El Dr. William C. Gorgas, un médico y el jefe de Enfermedades Tropicales de las fuerzas armadas de los Estados Unidos, estaba totalmente convencido de la “teoría del mosquito.” A pesar de haber sido consistentemente rechazada por muchos funcionarios y administradores del canal (ICC), Gorgas había controlado la fiebre amarilla en La Habana, Cuba apoyado con los últimos estudios sobre dicha teoría. Dr. Carlos Juan Finlay, médico cubano e investigador incansable en la causa por la erradicación de la fiebre amarilla, había aislado la causa principal de la enfermedad- la variedad Stegomyia fasciata de mosquito. Previamente habían acreditado al Dr. Ronald Ross, otro investigador y médico británico igualmente de brillante y perseverante, con descubrir la causa de la malaria- el género Anopheles, y en su breve visita a Panamá le comenta a Gorgas, “Panamá… podría servir como un gran ejemplo para el mundo entero,” si se llegara a erradicar la fiebre amarilla.
Armados con el conocimiento que la erradicación del mosquito Anopheles y no solamente que la tradicional estrategia sanitaria de una total limpieza de las ciudades terminales de Panamá y Colón y las áreas de la construcción del canal daría buenos resultados, los altos mandos médicos estaban convencidos de que este sería el curso a tomar. Gorgas se centró en poner fin a las epidemias que lisiaban el progreso del gran proyecto de ingeniería. Todo lo que él necesitaba, finalmente, era apoyo – el apoyo que recibió del nuevo Jefe de Ingeniería, John Stevens.
El programa de erradicación en La Habana le había tomado ocho meses. En Panamá, sin embargo, tomaría un año y medio para traer la plaga bajo control gracias, en gran parte, a la ayuda de John Stevens. Gorgas coloca en ese mismo año una apuntada campaña sanitaria para la eliminación de la fiebre amarilla en el primer plano de sus prioridades. Mientras tanto, él relega el tema de la construcción en “la hornilla trasera” por el momento, siempre con la bendición de Stevens, y destina un importante presupuesto inicial para todo en cuanto a insumos y personal que él necesitaría para la campaña. Entre sus necesidades inmediatas (y solamente para principiar) Gorgas solicita:
$90,000 de malla mosquitera
120 toneladas de polvo de pelitre por mes
300 toneladas de sulfuro (inicial)
300 toneladas de sulfuro por mes
50,000 galones de kerosén por mes (para los tanques de fumigación) 3,000 basureros, 4,000 cubos, 1,000 escobas, 500 cepillos. Grandes cantidades de ácido fénico, polvo sulfúrico, alcohol de madera (metanol), cloruro mercurial, “jabón común,” candados (cerraduras), linternas, machetes, corta gramas, 1,200 potes o tanques de fumigación (serían cargados en las espaldas de los trabajadores) y 240 trampas de ratas solamente para el hospital.
Una campaña vigorosa de fumigación se realiza en Colón y Panamá en una operación de “casa por casa” con algunas áreas de alto riesgo siendo fumigadas varias veces. Las rigorosas brigadas de fumigación consistían en grandes grupos de hombres con tanques de fumigación atados a sus espaldas que se desplazaban por todas las áreas que se les asignaban rociando el mortal compuesto de kerosén. También se usaban los carros de fumigación para cubrir amplias áreas y caminos. En diciembre del 1906, la epidemia oficialmente se declara suprimida.
La naturaleza de tanto la fiebre amarilla como la malaria, sin embargo, implicaría la constante supervisión por parte de los funcionarios de salud, ya que ambas variedades de mosquito, la Stegomyia fasciata y Anopheles, son criaturas que prosperan alrededor del entorno humano favoreciendo, especialmente, el agua estancada de cualquier clase. Sin lugar a dudas, el ambiente humano alrededor de las ciudades terminales y las áreas de construcción, sobretodo los “cortes,” requerirían de una vigilancia continua.
Esta historia continúa.
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