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Los queridos iconos de la época,Popeye y Betty Boop.
Ya que estamos en el tema de los Comisariatos y mientras que los recuerdos de esos establecimientos siguen frescos en la memoria, les daré un cuadro de lo que significaba ir de compras en esas gigantescas tiendas, únicas en su clase. Aun en mi madurez me traen sensaciones sumamente agradables.
El mero hecho de estar allí de compras en esos Comisariatos de la Zona del Canal de Panamá, que en sus tiempos fueron quizás algunos de los almacenes más grandes que cualquiera de las exixtentes y jamás vistos en todo este hemisferio Americano, producía sensaciones de opulencia y de sentido de ser unos de los “privilegiados.”
Recuerdo claramente como niño pequeño eso de estar siendo remolcado, virtualmente arrastrado, por mis jóvenes tías, quienes todavía eran adolescentes y que me impulsaban a caminar más rápido cuando nos dirigíamos hacia casa, mientras yo saboreaba una enorme barra de chocolate con nombre de “Baby Ruth,” que me habían comprado en el comisariato.
Nuestras remembranzas de aquellos días me regresan a ser tan dulces y divinamente memorables, eso que para esos entonces tenía tan solo tres años de edad, tan solo un pelao a quien, más adelante, le tocaría misión de describir las diversas experiencias que eran menos agradables en ese Canal Zone o “Zona del Canal.” En mi inocencia, sin embargo, esas tempranas excursiones de compras al Comisariato o al almacén de la compañía de la administración del Canal, (Company store) eran agradables incursiones al reino “de la Zona,”- un mundo que con frecuencia llenaba amenudo las conversaciones de adultos y niños que se crusaran en mi vida.
Tal era su popularidad que las variadas facciones políticas y los elegidos de los gobiernos de turno Panameño de la época (1930's-1940's) usaban ocasiones para estarse quejando ante los gobernantes y autoridades de los Estados Unidos en el Canal. Era que sus demandas fueron que la existencia de los Comisariatos era comercio injusto y desleal tomado por los Americanos contra los comerciantes Panameños. Las denuncias ademas se dirigían a la gran cantidad de empleados que trabajaban para los estadounidenses y quienes hacían sus compras en esos grandes y bien surtidos almacenes de la Zona del Canal, formando así una clientela cautiva.
De hecho, los Negros Westindian habían alcanzando, en su estatus de “siervos preferidos,” ese sentido de haber “alcanzado estado de igualdad,” viéndo los Comisariatos Silver como reflexión del estado “separado pero iguales,” situación anhelada en la condición de los negros de los Estados Unidos, algo que tanto habían estado luchando ellos por obtener en casa en los EEUU.
Para esos entonces dichos almacenes estuvieron ubicados en sitios estratégicos, en donde la gente negra Westindian con ciertos “privilegios,” podrían fácilmente tener acceso a ellos. El primer comisariato Silver a que puedo recordar haber visitado estuvo cerca del complejo de servicios separado para empleados Westindian Silver Roll o de Plata, estuvo justo directamente afuera de la ciudad de Colón, en donde vivía yo con mis abuelos maternales y sus hijas quienes eran mis tías.
“¡Tu recuerdas todo!” era lo que declaraban a menudo mis tías todavía adolescentes. Incluso hasta el día de hoy mi única tía sobreviviente, no deja de sorprenderse cuando se enfrenta a algunas cosas que yo recuerdo cuando estuve con ellas en mi niñez. Sin embargo, las cosas que han quedado impresas en mi memoria, son cosas que al parecer nunca han cambiado para mí, y aun siguen siendo como los había yo recordado cuando era tan solo un muchachito, y son cosas que quedarían indelebles que he reservado para mis crónicas de esa gente de mi raza Westindian de Panamá. No me imaginaba que mi capacidad tan atinada de “recordar” las gentes antiguas de mi Clan Antillano de Panamá, y que sus experiencias se convertiría en materia importante, algo de materia prima de una historia que antes tan solo era historia oral única de mis memorias.
El Comisariato Silver de Colón, en esos tiempos de la historia, siempre estaba repleto de una variedad de mercancía y de colores, sus anaqueles estuvieron herméticamente empaquetada como son los productos de hoy día y que se encuentran en los anaqueles de tiendas comerciales modernas. Tanto la mercancía seca como los alimentos empacados se desplegaban vistosamente, lo cual inspiraba asombro y agitación tanto a un niño como era yo y tambien a los adulto.
Había entonces toda clase de ropa, y cosas como implementos de cocina, herramientas para trabajo en casa, libros y revistas, tarjetas postales, caramelos lujosos, y dulces y pastillas de todo color y variedades, tambien como los chocolates que no se iban a poder igualar excepto por los comerciantes entre los mismos americanos.
Nada en mis jóvenes ojos podía conseguir que me moviera más aprisa con las tias, que la idea de caminar esa distancia tan lejos al comisariato, para luego ser premiado con una barra de chocolate acaramelado de casi un pie de largo, de la marca Baby Ruth, o un Almond Joy, o una gran barra de chocolate Hershey. Creo que mis costumbres de colecionar las envolturas comensaron en esos entonces cuando trataba de leer los vistosos y coloridos envoltorios de los chocolates.
De allí tambien nació mi costumbre de cobrar mi pequeña “comisión” para con mis tías, que hacia que yo estuviera dispuestos a acompañarlas al centro de servicios en donde estuvo ese Silver Clubhouse, lugar en que podíamos gozar de una película y en donde podría yo llenarme de la cultura americana en imágenes de dibujos animados como Popeye el marinero, la Betty Boop y el Gato Félix. Ademas de algunas otras películas para gente de mayor edad que yo y que me emocionaban tnto como ese del “Gato Negro.” Esos simples momentos atesorados fueron suficiente para que llegara a casa de día o de noche cansado, pero satisfecho e impresionado con esas imágenes de una vida y unos tiempos que muy pronto iban a pasar.
El Comisariato Silver en Cristóbal, que se encontraba en uno de los areas reservados para los de la raza negra, en el lado Atlántico del Gran Canal, fue, básicamente, mi introducción a una de las primeras instituciones en la Zona del Canal de Panamá, e iba a servirme de gran ejemplo de como era la vida en la Zona del Canal para Negros Westindian, incluso después del gran fuego de 1940, esa conflagración que destruiría gran parte de la Atlántica Ciudad de Colón iba yo a estar añorando estar allá. Ese acontecimiento memorable sería clave para que mi familia se mudase a los barrios de la Ciudad de Panamá tan cerca pero lejos en esos entonces.
Continuaremos en siguientes entregas con artículos sobre los eventos que impactaron nuestras vidas, nosotros los de la primera y segunda generaciones de la raza de Negros Westindian. Somos esas personas de esa extraña mezcla de gente que lograron ser los emergentes en la población Panameña como una parte pero que es totalmente diferente.
Gustase o no, somos nosotros los Negros de la raza Westindian o Antillana los que serían llamados a ser parte íntegra del síndrome de la futuras sociedades afluentes Americanas de Iberoamerica.
Esta historia continuará.
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La imagen presenta un cupón
del clásico libro del Comisariato
de la Zona del Canal. Imagen gracias
a czbrats.com
Habían llegado los tiempos en esta historia en que los negros Westindian comenzaban a gozar cierto grado de euforia por haber, por fin, llegado a ser gente de pensamiento independiente además de poder mostrar ese libre albedrío promulgada en las leyes divinas.La vida en los barrios de Panamá abría esos causes de integración social muy necesaria en la sociedad Panameña. La juventud de la primera generación había comenzado a buscar la educación en las escuelas de la zona del canal negra o el “Silver Roll” Westindian, y en las pocas escuelas Westindian de enseñanza inglesa de los barrios de las ciudades de Colón y de Panamá. Eran escuelas generalment fundadas y dirigidas por profesores jamaicanos al principio y luego por profesores Barbadianos. De hecho estas instituciones de enseñanza tuvieron la distinción de ser las primeras escuelas en toda la República de Panamá.
La juventud Westindian de entonces comenzaron a incorporarse a la vida social de la nación lo cual significaría que se convierten en ciudadanos Panameños y se incorporan al primer gobierno, graduándose de las escuelas patrocinadas por el gobierno panameño, escuelas primarias y secundarias por primera vez. Estos jóvenes, en muchos casos, estuvieron entrando a esos recintos educativos a una edad ya avanzada, casi de adolescente.
En su mayoría la juventud tenía que hacer ajustes drásticos en su modo de pensar contrario a la tendencia de antes en la Zona del Canal parecida al estilo de vida de las viejas plantaciones de esclavos y su “casa grande,” lo que había sido el centro de la vida cotidiana de la mayoría de los Westindians de esa era republicana panameña. Hasta la propia esencia de la administración llamada por ellos “Jim Crow,” que había tomado asimiento entre esas gentes, con sus políticas de seguridad y completo control de presupuesto, haría que millares de esos negros, desplazados por alguna razón o otra, que tuviesen que mudarse a viviendas de cuartos barracas en los barrios urbanos de Panamá.
No obstante, iba a suceder que con la pérdida de privilegios vitales en la zona como la de hospitalización, la vida en las grandes viviendas construidas de madera y acuñadas unas contra las otras fomentaron la expansión de las ciudades como Colón y Panamá. Aun así los Westindian se las ingeniaban para seguir conservando ese sabor que antes tenían en la Zona del Canal tan importante en los hogares Westindian.
Este movimiento masivo a las ciudades no sólo fue propiciado por cambios en sus estados de desempleo ya que muchas de esas forzadas mudanzas fueron causadas por informantes encubiertos que se encontraban en la misma comunidad de negros entre sus complejos Silver. Las razones eran múltiples y podían incluir de hasta acusaciones de no haber acatar las reglas de vivienda como, por ejemplo, el tener demasiadas personas como huéspedes por largo tiempo. Acusaciones de estar traficando mercancía de contrabando de los comisariatos podría ser causa para hacer que familias enteras fueran deportadas y hasta prohibidas su entrada a toda la Zona del Canal.
La época es marcada por una continua política de cambios y de nuevos reglamentos provenientes de la administración de la Zona del Canal y serían causa de un total desarraigo de incontables familias Westindian creando así una carga definitiva a la vida de la nueva República de Panamá y sus magros recursos y agravados fuentes económicos.
Para mal en peor, el gobierno central recibía muy pocas remuneraciones por haber recogido la carga humana de la Zona del Canal de una fuerza laboral “del padrón de la plata” y de sus crecientes familias. De hecho, mucha de la juventud Westindian hasta de su segunda generación iban a nacer no en las salas "Silver" del hospital general de William Gorgas, sino en el Hospital Santo Tomas, institución “para las gente pobre y necesitada de Panamá.”
Para ese grupo de “afortunados” de la comunidad Westindian, que se consideraban parte de la sociedad privilegiada de la Zona del Canal, los tiempos parecían estar marcando sus vidas con continua prosperidad. No así para los desemejantes del grupo ahora siendo Panameños Westindian, el grupo que en esa hora vivía afuera de la “Zona.” Mientras que aun se encontraban empleados habían llegado a acostumbrarse a los privilegios de la zona del canal como el “librito de comisariato,” que les permitía hacer sus compras en el gran almacén del Comisariato de la “Company.”
Durante esos días históricos que las relaciones entre los obreros Westindians y sus jefes en la zona del canal y, en general ese sistema de los padrones de oro de los ciudadanos americanos blancos preferidos, los Westindian se transforman todos en los “siervos preferidos.”
Estaba demasiado claro que los negros Westindian estaban dotados de conocimientos especiales. Sabían ellos hablar el muy cotizado inglés además del español que, por supuesto lo hablaban muy bien. Además, en esa momento de la historia iban estaban bien adaptados a las particularidades del país llamado Panamá así también como las demandas de los “Zonian” del Gold Roll de la Zona del Canal de Panamá.
Esta historia continúa.
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Sydney Adolphous Young, fundador
del semanario en ingles, The Panama Tribune
Una de las conocidas English Schools,
Escuelas Inglesas, en San Miguel
circa 1935
La política de aislamiento de los del Silver Roll negro de los norteamericanos en toda la Zona del canal iba a reforzar otra clase de dispersión de algunos de los denominados “Jamaicanos.” Ellos resultaron ser loa que se habían dado a enterar de que como “Jamaicans” en esa nueva Zona sus conocimientos, habilidades como ese don de mando natural, que fueron cualidades que en un futuro probablemente, no iban a ser apreciados en esa “zona del canal.” Algunos jamaicanos, sin embargo, seguir siendo empleados leales a su comunidad Westindian en el país , permaneciéndose firmes en sus puestos y tratando de fijar un tono de liderazgo en esa zona del canal negra.
En esos tiempos habría un gran éxodo de jamaicanos a otras regiones de Panamá y la América Central, un éxodo en reacción a lo que llamaban “El sistema del Jim Crow” en la Zona del Canal. Otros de la etnia habían preferidos permanecer empleados en posiciones de calidad de más experticia que no implicaría estar trabajando en el campo bajo la dirección de jefes del departamento de ingeniería de la zona del canal. Algunos otros seguían trabajando aunque en puestos de trabajo que no fueran a ser pagados como trabajadores de experiencia en posiciones de poca experiencia. Esos Jamaicanos que habían permanecido se unirían a otros negros Westindian de otras islas del Caribe, quienes también se iban a convertir en pilares importantes de una comunidad negra sobre abrumada con el racismo, siendo la constantemente acosada comunidad negra de Panamá.
No obstante, el ser “Westindian” llega a ser sinónimo con ser Jamaicano en ese país de habla hispana llamada Panamá. Por otra parte, iban a estar llegando más jamaicanos al país y uniéndose a esa ensamblada comunidad negra Westindian en la zona del canal y en las ciudades que todavía quedaban bajo las directrices del gobierno de panameño. Estos individuos que llegaban y que iban a estar componiendo unos de los grupos grandes de Westindians quienes no iban a estar apareciendo probablemente en los expedientes de la zona del canal, durante esta era de dominio absoluto del “Cuervo Jim.” Así fueron los tiempos en que la mayor parte de esos negros del Caribe Anglo Sajón, aunque estuvieron empleados en la zona americana, ellos vivian en los centros urbanos de Panamá y de la ciudad de Colon totalmente bajo el control del gobierno Panameño.
Entre los años de la inauguración del Canal de Panamá en 1914 y el Panamá de los 1930’s se vería la proliferación de nacimientos de los que serian de la primera generación de Westindios Panameños. Éstas serían personas nacidas de la etnia a familias Westindian nacidos bajo la bandera Panameña, quienes como ciudadanos Panameños en la mayoría de los casos, tendrían dificultad a adaptarse al estar hablando en la lengua Española. Esta situación iba resultar siendo aún más aguda por los hechos que harían que Panamá ser país que no había en esos entonces desarrolladas infraestructuras apropiadas que pudieran sustentar una población Panameña que todavía estuvo privada de instituciones educativas y de servicios de Salubridad.
La historia contaría que al llegar a los años de la décadas de los 20’s y los 30’s esa primera generación de Westindians había desarrollado una forma de vida que estuvo más cónsona con lo qué ocurría en la Zona americana del Canal de que lo que estuvo sucediendo en el propio Panamá, que en gran parte, estuvo sincronizada con los negros en los Estados Unidos de Norteamérica. Fueron tiempos en que una variedad de factores muy únicos y muy Panameños se iban a presentar para que se creara un cierto sentido de comunidad y de cohesión dentro de nuestra comunidad muy única y distinta.
En el año 1928 el Señor Sydney Young, imigrante Jamaicano, funda el semanario periódico, The Panamá Tribune, que se convierte en una fuerza de aglutinación segura para esa comunidad de Westindian que se iba a asentar no solamente en Panamá sino en el resto de Centroamérica, en donde muchas comunidades Westindian se habían estado también arraigando. Este periódico, escrito exclusivamente en la lengua inglesa, había llegado a estar llenando un vacío y había además traído las noticias e ideas locales e internacionales en donde estuvieron adoloridamente apreciada y necesarias. Estaremos dando una ojeada más detallada este medio periodístico tan notable y de su fundador ese dinámico Señor Young en nuestras próximas entradas.
Además, aunque el padrón de plata o “Silver Roll” y sus escuelas se habían hecho instituciones en la vieja Zona del Canal desde el año de 1905, la nueva cosecha de hijos e hijas nacidos en el sistema y que se convierten en parte integral de la segunda generación de lo que serían Westindians Panameños, también forjarían parte integra de la segunda generación de Westindios Panameños. Ellos serían los que habrían de forjar la creación de las escuelas caseras o Escuelas Westindian o mas apropiadas Escuelas Inglesas, como fueron llamadas a menudo en esos entonces.
Es durante estos años que algunos profesores muy bien calificados abren escuelas para niños negros en los conocidos distritos de Calidonia, San Miguel, y El Chorrillo de la ciudad de Panamá, así también en la ciudad de Colón. Por otra parte, mientras que muchos otros niños de la etnia Westindian estuvieron también asistiendo a las Escuelas Inglesas en centros urbanos, otro gran grupo estuvo creciendo en los asentamientos en la zona del canal negra de Paraíso, La Boca, Red Tank y Gamboa (Silver Santa Cruz).
Los de Colón y Silver City, se verían niños negros siendo transportados, en la misma forma que fueron los niños blancos del “Roll de Oro”, a las escuelas en la zona del canal. Me es recordar que algunos de los niños de mi viejo vecindario, de hecho, con que crecía en el área de Calidonia fueron transportados en buses a diario a la escuela de La Boca en la zona del canal negra. Eso me había indicado a mí que los niños negros eran transportados en buses proveídas por la administración hasta los afueras de la “Zona del Canal.”
Esta historia continuará.
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Imagen del antiguo Club Atletico Roxy
de Panamá.
Foto gracias al Señor Oswald Baptiste
Ceremonia de Premiación de los
triunfadores de la competición
de 100 metros en las Olimpiadas
de Londres de 1948.
Retomando nuestro tema luego de un rico mes de La Etnia Negra lleno de acontecimientos, regresamos para concluir las hazañas de nuestro astro Olímpico, Lloyd La Beach.
Aquel día del año 1948 en la pista de atletismo del mundialmente reconocido Juegos Olímpicos de esa histórica ciudad de Londres, no habría terminado del todo cuando el Panameño Lloyd La Beach una vez más, iba a estar ofreciendo a esa multitud de expectante fanaticada otra emocionante carrera que acabaría en la línea de meta en su reconocida forma de velocista con sangre de campeón. Entonces la multitud en las gradas se sintuó sin temor de aplaudir efusivamente a ese único competidor panameño.
Ese chico que había importunado a sus padres en su hogar de Jamaica para que le permitieran volver a su país natal, había seguido los anhelos de otros jóvenes de ascendencia Panameña "Westindian." Esos quienes eran de ese linaje de los que a menudo viajaban entre los países islas del Caribe, Inglaterra, Estados Unidos y Panamá y era para estar declarándole al mundo entero su humanidad, así como su excelencia atlética, aunque lo estuvieran que estar haciendo casi enteramente a solas.
Los juegos de esas Olimpiadas no habían aun terminado para la mayoría de los atletas que estuvieron de participantes o en las gradas como espectadores en ese Estadio de Atletismo de Londres, y al día siguiente los participantes de la carrera de los 200 metros planos aparecían en sus carriles en sus bloques de partida para prepararse mentalmente para otra ronda de competencias en que se verían involucrados algunos de los velocistas más veloces del mundo conocido.
La multitud de fanáticos de pista y campo quienes habían estado siguiendo la carrera de ese velocista quien estuvo próximo a desafiar nuevamente a los velocistas de marcas establecidas por los grandes aspirantes a esos títulos como eran esos Melvin Patton y Barney Ewell de los Estados Unidos. Era una fanaticada ansiosa de ver al joven panameño, Lloyd La Beach, hacer una repetición de su rendimiento en la pista. La esperanza del muy poco conocido país de Panamá ya había demostrado que podía mantenerse nariz a nariz con esa élite de velocistas de la Universidad de California en esos famosos relevos de la ciudad de Fresno que eran tan exigentes como cualquiera de las competencias de rango oficial, en donde la gente siempre estuvo dividida en sus apuestas.
En esos juegos muchas personas tenían sus apuestas comprometidas en los reconocidos campeones de notar como eran Patton y Ewell. Sin embargo, Lloyd La Beach estuvo recordando cómo había casi golpeado ganándole a Melvin Patton en Fresno y marcando justo al lado de Patton para el mismo tiempo en los 100 metros planos, iba ese día a tener que finalmente conformarse con el segundo lugar al famoso "Pell Mel" como era el apodo de Patton en los círculos universitarios.
Sin embargo, en esos Juegos Olímpicos Mundiales los veteranos preferían morir a dejarse vencer de un velocista que les pudiera cobrar cada milímetro como fue ese corredor panameño. En la línea de partida estuvieron y después de que unos nerviosos corredores fueran eliminados de la competencia de los 200 metros planos por el juez de partida quien disparaba pistoletazos para detener la salida. Una vez más, el joven Lloyd La Beach iba a estar tan concentrado con sus poderes divinos al sentir como su ágil cuerpo bajo la velocidad requerida se mantenía en la pista hasta la línea de meta encontrándose en un empate a lo largo y al lado derecho del más rápido de los seres humanos vivientes del mundo entero.
Una vez más debemos recordar que no hay dispositivos electrónicos para cronometrar la velocidad real de corredores en el momento, pero en la línea de llegada los jueces declararon al Sr. Melvin Patton de los Estados Unidos ganador del primer lugar para ser premiado con la medalla de oro, con un tiempo de 21.1. El Sr. Barney Ewell de los Estados Unidos fue declarado ganador del segundo lugar para ser premiado con la medalla de plata, con un tiempo de 21.1. Por ultimo declaran al Sr. Lloyd La Beach del país de Panamá ganador del tercer lugar premiado con la medalla de Bronce, con un tiempo de 21.2.
Sin embargo, las gradas del estadio se prendieron de aplausos para el latinoamericano Lloyd La Beach el chico maravilla de la competición quien se iba a ver mas que premiado con éxito internacional y a quien en los noticieros internacionales con la velocidad del rayo mandaban cables contando como el único corredor de pequeño país de Panamá, quien la mayoría de los panameños ni siquiera conocían había prácticamente casi vencido a los escogidos del fuerte pais de las Américas que ere los Estados Unidos.
Aquel verano, Lloyd La Beach se gradúa de la Universidad de California y luego de los Juegos Olímpicos él regresa a su querido Panamá. Las aclamaciones de sus hermanos y compañeros del casi desconocido Club Atlético Roxy del barrio de Calidonia en Panamá iban a estar en espera del reconocimiento debido de las autoridades del gobierno y sus entes deportivos.
La espera en la sección del aeropuerto abierto al publico panameño de la Base militar de Albrook, la única instalación en esa época de la historia que recibía viajeros que llegaban por aire y que servía a toda la República de Panamá, estuvo repleto de una gran multitud de admiradores algo que nunca antes se había visto en el pequeño país y su pequeño campo aéreo desde que los acuerdos se habían concretado entre la República de Panamá y los Estados Unidos que permitiera que vuelos internacionales aterrizaran y despegaran en esas instalaciones militares.
Fue un día excepcional en que uno de los suyos habían llegado a casa victorioso, con no solamente una medalla, sino dos valiosas medallas de la mundialmente famosa Juegos de Olimpiadas. Fue día en que la mayoría de los presentes en ese aeródromo eran de las gentes de la raza de Plata, esos Negros Silver Roll de la Zona del Canal cuyos antepasados habían realmente salvado las construcciones del Canal de Panamá.
Los pocos usuarios que se encontraban allí observaban a esa turba de exaltada gente de barrios bajos actuando como si el lugar entero era de su propiedad. Raro no estuvo que no hubo siquiera fotógrafos profesionales en toda esa multitud. La mayoría de los emocionados admiradores habían olvidado de haberse llevado sus propias cámaras de caja con el fin de poder captar esos momentos históricos que, lamentablemente para nosotros los que hoy vivimos, no hay fotos de esos fantásticos días y horas de gloria que sobrevivieran de haber capturado la radiancía de uno de los inmortales hijo y campeones entre los descendientes de los Hombres de Plata de Panamá.
Esta historia continuará.
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1965-2009
Marlon Reid Bailey “EL Pepito Colonense,” y ganador de la competencia artística Buscando a Pepito nos ha sorprendido a todos nuevamente, con su muerte repentina inesperada, como lo hizo con sus presentaciones humorísticas. Fue el pasado sábado 30 de mayo de 2009 cuando repentinamente nos ha dejado pasando a las manos del Señor. Marlon era unos de mis muchos sobrinos, ha demostrado una y otra vez ese talento innato de hacer humor en un ámbito difícil de la farándula panameña. Realmente nos había asombrado a todos ese muchacho flaco, juguetón y muy amigable, esa pronta desaparición del escenario nacional.
Los medios reportan que Marlon habría sufrido al parecer una caída repentina y trágica, que no había dado aviso de que había tenido problema médico alguno. Ese sábado pasado en su residencia había ocurrido que repentinamente le llevaron en ambulancia de emergencia al hospital Manuel Amador Guerrero. En cambio debido a su condición, le entonces tuvieron que trasladar a la ciudad de Panamá, en donde le hicieron más pruebas de laboratorio para luego estabilizarlo. Luego de esos acontecimientos fue de regreso conducido a su ciudad natal de Colón, para esperar que mejorara. Sin embargo, su condición médica no mejoró, y a pesar de los medicamentos y el cuidado recibidos murió aproximadamente a las 10:30 mañana de la fecha mencionada en esa su ciudad de Colón donde era muy conocido y amado.
Marlon Reid poseía esa capacidad natural de hacer que sus exigentes audiencias Panameñas y extranjeras siguieran sus oscilaciones y morisquetas a risas y carcajadas abiertas. Sus bromas y los diversos chistes y cuentos que acompañaba con “skits,” como se denominan en ingles, fueron tan chistosas y naturales que él parecía haber cultivado con la misma pasión y precisión cronométrica, sin haberles puesto esfuerzo alguno. Para los que entre nosotros han tenido alguna vez que realizar presentaciones en público antes multitudes de gente sabemos que eso no es en absoluto tarea fácil.
Él, ultimamente, había estado ganando renombre con sus cómicas interpretaciones de acontecimientos privados de la vida cotidiana de sus barrios, hasta que decidiría incorporarse a esa competición del humor, patrocinada por unas de las estaciones televisivas importante de nuestro medio. Él saltó a la fama había sido tan solo hace un año, cuando había encantado a jueces y al publico televidente y de los estudios de la televisora en la competiciones de “Buscando a Pepito” que es producción del Canal 13 de Telémetro Panamá.
Fue esa una competencia en la que la estación televisiva esperaba estar descubriendo los mejores entre los aficionados de la comedia, talento de los que pudiesen actuar en comedia en que tan solo se usaran el individuo y su micrófono que los promotores en Estados Unidos llaman “Stand up comedy.” Nosotros quienes somos conocedores de la comedia, y que hemos visto y seguido sus muchas funciones. Hemos también visto como él había batido la mayoría de sus mejores competidores, con solamente estar usando su estilo audaz, y su “twang” o “Guariguari” único entre los Colonenses, era como él destacaba algunos de los personajes extraños de su entorno cotidianos, entre los que uno puede encontrar en las calles y en la escena de la vida de esa ciudad cercada y abatida del litoral Atlántico de Panamá. Una y otra vez ganaba el primer lugar, y además que un coche nuevo, que para él le iba a resultar de mucho uso en esa abertura de oportunidades para realizarse como unos de los más grandes profesionales del Humor Latinoamericano.
Su madre, La Señora Lucille Bailey, de hecho, revela a los reporteros cómo Marlon esperaba con entusiasmo ir a representar Panamá en competiciones de la comedia en Colombia ese 2 de octubre de 2009 venidero; irónicamente esa fecha iba a ser en que él habría de celebrar su cuadragésimo tercer cumpleaños. Nos unimos a la ciudadanía Panameña de luto que incluye en especial la Ciudades de Colon y de Panamá quienes estamos de luto por ver pasar tan demasiado de rápido ese cometa por nuestros cielos, como era ese Marlon Reid, que en nuestro firmamento en las noche semana a semana nos hacía reir con esa adicional felicidad de verlo ganar con esa “incomparable carisma natural.”
Nosotros aquí en La Rapsodia Antillana estamos de luto por ver que se nos ha ido unos de los descendientes de Hombres del Silver Roll, esos obreros del Padrón de Plata de antaño, quienes se atrevieron a retar todas las probabilidades negativas, de un padrón de la indignidad de un Panamá en formación, para legarnos una herencia de Panameñidad y de esa excelencia que hemos encontrado en el joven Marlon Reid.
Que Dios le bendiga buen hijo, Marlon, por esos momentos en que nos has regalado de risas incomparables, enriqueciendo nuestras vidas como tu solo has podido hacer, mas medicina que doctores de la ciencia moderna.
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